Una última balada para el viejo Sam
Además del ya mencionado “Grupo Salvaje”, donde un grupo de forajidos descontextualizados se esfuerzan por seguir viviendo bajo el código de los viejos tiempos, quizás el film donde más apreciable se hace esta idea sea “La balada de Cable Hogue”. En esta película, el genial Jason Robards que interpreta a Cable Hogue es literalmente atropellado por el progreso en la escena del final, cuando un coche le pasa por encima dejándolo a las puertas de la muerte.
Otra constante temática repetida cíclicamente en sus obras es la lealtad y la traición a la amistad. Este puede ser el marco más fácilmente distinguible a lo largo de su filmografía. Desde la más explícita traición que supone toda la película “Pat Garret y Billy el Niño”, donde un Garret tentado por las promesas de los nuevos tiempos decide dar caza a su antiguo socio Billy el Niño, hasta el “Grupo Salvaje”, película que ahonda más profusamente en toda la complejidad que la amistad supone para los seres humanos. En esta película, la amistad entre Pike Bishop (William Holden) y Deke Thornton (Robert Ryan) se ve traicionada no por ellos mismos sino por la figura del progreso encarnada aquí por el dueño el ferrocarril Harrigan. Pero es esta una traición a la amistad que no termina de consumarse porque como nos deja ver la película, existe una lealtad encubierta que hace que estos dos pistoleros no puedan atentar el uno contra el otro (este rasgo está remarcado en el film desde su mismo comienzo, durante la matanza del porche, cuando Thornton a pesar de tener a tiro a Bishop no puede dispararle, hasta el final cuando un Thornton abatido por la muerte de su colega a manos del general Mapache se redime uniéndose a los revolucionarios mejicanos).
También característicos de esta temática resultan el detonante de la trama en “La balada de Cable Hogue” donde un vengativo Cable Hogue (Jason Robards) es traicionado por sus socios que le abandonan en mitad del desierto. Pero el análisis que hace Peckinpah de la amistad no se queda ahí. A través de sus películas, Peckinpah viene a decirnos que la traición se paga pero la fidelidad redime (como en la magnífica secuencia final de “Duelo en la Alta Sierra”).
Además de estos, las películas de Peckinpah abordan muchos otros temas. Desde su amor hacia Méjico, país hacia al que se dirigen todos esos héroes que huyen de la vida en sus películas (caso de “Convoy”, “Grupo salvaje”, “La huida” y “Pat Garret y Billy el Niño”), pasando por el fanatismo religioso y su parodia. Tema que gracias a sus filmes nos ha dejado personajes tan memorables como las hipócritas señoras de la liga anti-alcohol del “Grupo salvaje”, o el gamberro reverendo Josua Slohan de “La balada de Cable Hogue”.
Quizás el rasgo común a todos estos personajes tan humanos que nos mostró en sus películas no sea otro que la concepción de la vida como un accidente absurdo. Por eso hizo actuar a sus personajes como si sus vidas se tratasen de un accidentado viaje hacia la muerte. Porque como él mismo señaló: “Mis héroes son perdedores porque están derrotados por anticipado, lo que constituye uno de los elementos primordiales de la verdadera tragedia de la existencia. Se han acomodado desde hace mucho tiempo a la muerte y la derrota; en consecuencia no les queda nada que perder. No tienen ninguna fachada, no les queda ilusión, representan la aventura desinteresada, aquella de la que no se obtiene más provecho que la pura satisfacción de vivir todavía”
Peckinpah murió en 1984, y desde su muerte solamente Clint Eastwood ha sido capaz de aportar a la historia del cine una aproximación tan humana a un género tan típicamente cinematográfico como es el western. Porque Peckinpah no solo hizo películas, hizo agridulces baladas de celuloide.